Gustavo Ortiz Hidalgo
Pocos discuten en la actualidad que la descentralización es el camino para superar al centralismo (léase pobreza). Esta estrategia de reordenamiento del Estado no es una novedad en el Ecuador; sin embargo, ya fracasó el denominado modelo de “descentralización a la carta”, que fue establecido por la “Ley de Modernización del Estado” (1993) y, luego, por la “Ley Especial de Descentralización del Estado y de Participación Social” (1997).
La Constitución de la República de 1998 configuró definitivamente este modelo de descentralización que tan magros resultados obtuvo. Sus principales límites fueron, por una parte, permitir que la descentralización sea “voluntaria” para los gobiernos seccionales autónomos y, por otra, no establecer las garantías necesarias para obligar al gobierno central a cumplir con la transferencia de competencias y recursos requeridos.
La nueva Constitución, aprobada en el 2008, establece un esquema alternativo de descentralización, basado en el ejercicio de competencias exclusivas y obligatorias para los diferentes niveles de gobierno. Estas competencias serán determinadas por ley (COOTAD) y responderán a la estrategia de reformar el Estado para implementar un modelo de gestión estatal desconcentrado y descentralizado, que comprenda una clara definición de competencias con la asignación de los recursos correspondientes para que éstas puedan ejercerse.
Con la aprobación del COOTAD quedará listo el ordenamiento jurídico para impulsar un serio proceso de descentralización. Pero esto no será suficiente; pues, los gobiernos autónomos descentralizados, en todos sus niveles, deberán trabajar duramente para consolidar el nuevo modelo, en el ámbito de una efectiva participación de los ciudadanos, quienes, finalmente, serán los reales beneficiarios del mejoramiento de las condiciones de vida que implica este proceso alternativo de desarrollo.
grortiz@utpl.edu.ec; gortizhidalgo@yahoo.com
Artículo publicado por Diario “La Hora” de la ciudad de Loja, el jueves 18 de febrero de 2010.
GUSTAVO ORTIZ HIDALGO
Resultó un fracaso el modelo de “descentralización a la carta” consolidado con la Constitución Política de 1998, que tuvo el límite de permitir que la descentralización sea “voluntaria” para los gobiernos seccionales autónomos y no establecer las garantías necesarias para obligar al gobierno central a cumplir con la transferencia de las competencias y recursos solicitados.
La nueva Constitución descarta el modelo de “descentralización a la carta” y crea un sistema nacional de competencias de carácter “obligatorio y progresivo”, el mismo que deberá establecerse por ley, respetando las competencias exclusivas que la propia Constitución otorga a los diferentes niveles de gobierno.
La Norma Suprema determina que el Estado unitario se organizará territorialmente en regiones, provincias, cantones y parroquias. Por razones ambientales, étnico-culturales o demográficas podrán constituirse regímenes especiales. La novedad más importante se relaciona con la creación de las “regiones”, que permitirán avanzar en forma “progresiva y obligatoria” de la descentralización administrativa hacia un sistema de autonomías territoriales.
Uno de los graves problemas del fracasado modelo descentralizador es haber sostenido la superposición de funciones entre los diferentes niveles de gobierno. El régimen de competencias exclusivas que establece la Constitución vigente aspira a superar este grave problema; sin embargo, han surgido varios resquemores en torno al tema que predicen que dicho propósito no será una tarea fácil.
Las normas constitucionales, al menos en teoría, establecen el marco para avanzar de la “descentralización a la carta” hacia un verdadero fortalecimiento de los gobiernos autónomos descentralizados; por el bien del Ecuador ya es hora de pasar de la propaganda y la cantaleta a un proceso real y efectivo de descentralización.
Artículo publicado por Diario “La Hora” de la ciudad de Loja, el jueves 1 de octubre de 2009.
Gustavo Ortiz Hidalgo La Región Sur del Ecuador, integrada por las provincias de El Oro, Loja y Zamora Chinchipe, constituye una contundente respuesta al centralismo absorbente de Quito, Guayaquil y Cuenca. Esta región representa una realidad histórica, geográfica, económica y cultural; sin embargo, falta mucho por hacer, como el enlace, por la ruta más corta y de menor altura, de un puerto del Pacífico con el punto más occidental de alta navegabilidad del Marañón-Amazonas. El General Alfaro logró dimensionar la importancia geopolítica de articular por el sur el Pacífico con el Amazonas. En su gobierno se inició la construcción del ferrocarril Puerto Bolívar-Loja-Zamora; no obstante, el proyecto se truncó por el viejo argumento centralista de la accidentada topografía de la zona. En “Historia de Loja y su Provincia”, Pío Jaramillo Alvarado enfatiza la necesidad del fortalecimiento de la región. En referencia a la propuesta de unir Puerto Bolívar con la cuenca amazónica expresa que ninguna obra significativa será posible si no se unen las tres provincias hermanas, sobre la base de servicios mutuos, sin pretensiones de hegemonía y con la clara intención de enfrentar el abandono gubernamental; al respecto afirma que “sólo la unión de las provincias de Loja, El Oro y Zamora Chinchipe resolverá el problema de su propia existencia”. El desarrollo nacional será posible en la medida en que las regiones horizontales se incorporen a la actividad productiva y al progreso económico y social. En esta perspectiva, la Región Sur del Ecuador deberá consolidar su interacción con el norte peruano y proyectarse internacionalmente a través de la construcción de la Vía Interoceánica: Puerto Bolívar-Loja-Zamora-Cenepa-Sta. María de Nieva-Sarameriza ¿Lo entenderán alguna vez nuestras autoridades dedicadas a la politiquería aldeana? grortiz@utpl.edu.ec / gortizhidalgo@yahoo.com Artículo publicado por Diario “La Hora” de la ciudad de Loja, el jueves 12 de diciembre de 2008.
Gustavo Ortiz Hidalgo Tan desprestigiada está la Unión Nacional de Educadores que casi nadie aspiraba a que su Congreso Nacional, reunido en nuestra ciudad, signifique un hito en la transformación del sistema educativo, cuya crisis es una de las principales causas del deterioro de las condiciones de vida de la población ecuatoriana. Y, efectivamente, nada nuevo sucedió… La misma manipulación del MPD y sus desgastados discursos; las mismas reivindicaciones salariales; la misma renuencia a la evaluación docente; la misma cantaleta contra la “municipalización” de la educación; la misma actitud de chantaje y manipulación al gobierno de turno. En suma, el mismo silencio a la posibilidad de discutir los verdaderos problemas de la educación, que se explican por la vigencia del centralismo en el sistema educativo y su secuestro por parte del aparato burocrático-sindical de la UNE, cuyos privilegios y funciones administrativas están consagrados en la ley, para lamento e indignación de los ciudadanos de bien. En varios países del mundo, los avances más serios que se han dado en esta materia han sido el resultado de un proceso definitivo de descentralización, en el que las competencias, atribuciones y recursos educativos han sido transferidos del gobierno central a los gobiernos locales o municipios. El gobierno central no se ha desvinculado de la actividad educativa sino que ejerce la política rectora, el control y la supervisión a través del ministerio sectorial y sus instancias desconcentradas. Los municipios, por ser “gobiernos de cercanía”, son los que mejores condiciones tienen para brindar servicios educativos de alta calidad y para promover la participación de la comunidad y los padres de familia en la solución de los problemas correspondientes. Al afirmar que la “municipalización” de la educación implica su privatización, los dirigentes de la UNE se hacen los tontos (¿o lo serán verdaderamente?), ya que para nadie es desconocido que los municipios son entidades del Estado y no parte de la empresa privada. Los verdaderos privatizadores son quienes al destruir el sistema de educación pública han ocasionado la proliferación de instituciones educativas privadas que, curiosamente, tienen como alumnos a hijos de connotados dirigentes de la UNE. grortiz@utpl.edu.ec/gortizhidalgo@yahoo.com Artículo publicado por Diario “La Hora” de la ciudad de Loja, el jueves 12 de junio de 2008.
Gustavo Ortiz Hidalgo La estructura centralista del Estado es la principal barrera que impide nuestro desarrollo, por ello, es necesario realizar una transformación democrática mediante dos vías complementarias: la descentralización autonómica y la desconcentración regionalizada. Este proceso implica movilizar a fondo la variable territorial como condición de reactivación de la economía ecuatoriana y cambiar la “regionalización vertical”, que parcela artificialmente al país en función de sus climas, por la “regionalización horizontal”. Estas regiones deberán crearse unificando aquellas provincias identificadas por una misma historia, geografía, economía y cultura, sin que sea necesario modificar la actual división político-administrativa. Sobre el tema, la Mesa de Ordenamiento Territorial y Asignación de Competencias de la Asamblea Constituyente ha aprobado los primeros textos constitucionales, señalando, por una parte: “Dos o más parroquias rurales, cantones, provincias o regiones contiguos podrán agruparse y formar una mancomunidad, con la finalidad de mejorar la gestión de sus competencias y favorecer los procesos de integración…”, y, por otra: “Las provincias podrán formar regiones autonómicas. La Ley Orgánica de Régimen Autónomo y Descentralizado normará su composición, proceso y requisitos mínimos…”. Este aspecto debió ser una de la prioridades de la Asamblea Constituyente; lo grave no solamente es que no se le haya dado la importancia requerida sino que se vuelva a cometer un error histórico que viola los principios del derecho público: entender a la regionalización como un procedimiento voluntario y no obligatorio. Los resultados serán, sin duda, tan desastrosos como los derivados de la Constitución Política de 1998, que contempla el carácter voluntario o facultativo de la descentralización y que ha provocado algo así como “la década perdida de la descentralización”. Los asambleístas están a tiempo de rectificar, de lo contrario pasarán a la historia no solo por haber usurpado atribuciones “mandatorias” que el pueblo no les facultó en las urnas, sino por ser los autores de un mamotreto de Constitución Política que en nada contribuyó a la solución de los verdaderos males de la República. grortiz@utpl.edu.ec/gortizhidalgo@yahoo.com Artículo publicado por Diario “La Hora” de la ciudad de Loja, el jueves 5 de junio de 2008.
Gustavo Ortiz Hidalgo Gracias a la tecnología de la comunicación desplegada por la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL), convertida ya en un referente académico del mundo entero, pudimos presenciar la jornada de estudiantes universitarios americanos y europeos con el Papa Benedicto XVI, para invocar a María Sedes Sapientiae y reflexionar sobre la Carta Encíclica “Spe Salvi”. Sin duda, un texto enriquecedor, no solo para la comunidad cristiana sino para toda la humanidad. Un llamado a la esperanza pero con gran generosidad y pluralismo, como debe ser. No de otra manera puede calificarse la opinión del Papa Benedicto XVI que reconoce, por ejemplo, que Friedrich Engels ilustró de manera sobrecogedora las terribles condiciones de vida del “proletariado industrial”; o que Karl Marx, con vigor de lenguaje y pensamiento, trató de encauzar un nuevo y definitivo paso de la historia hacia el cambio de todas las cosas (revolución en terminología marxista). Si hay objetividad del Papa para reconocer el aporte marxista al pensamiento político científico, también existe la misma objetividad para establecer los límites de esta doctrina de enorme impacto en la historia de la humanidad. Señala Benedicto XVI que el triunfo de la revolución en la Rusia de 1917, liderada por Lenin, significó el triunfo de la tesis marxista pero, también, puso de manifiesto su error fundamental. En palabras del Papa, Marx olvidó que el hombre es siempre hombre, olvidó al hombre y su libertad, olvidó que la libertad es siempre libertad y que la solución a los problemas de la humanidad no es exclusivamente económica. Es verdad que la sociedad necesita transformarse y que debe propenderse a un cambio estructural para redistribuir la riqueza adecuadamente, pero no se puede prescindir de la libertad del hombre. Este es el claro mensaje del humanismo cristiano a través de su máximo representante, para quien “el presente, aunque sea un presente fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esta meta y si esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino…” grortiz@utpl.edu.ec/gortizhidalgo@yahoo.com Artículo publicado por Diario “La Hora” de la ciudad de Loja, el jueves 20 de marzo de 2008. |
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