LA GRÁFICA PREHISPÁNICA DENTRO DE LOS PROCESOS DE
CONSOLIDACIÓN DE LA IDENTIDAD

Ponencia presentada en la XVI Asamblea General de ISTEC. Loja, junio de 2007

Diego González Ojeda
PROFESOR INVESTIGADOR
UNIVERSIDAD TÉCNICA PARTICULAR DE LOJA, ECUADOR

Iniciaré la plática de esta tarde con un agradecimiento a los colegas organizadores por la invitación que se me hiciera a participar en este evento, que afortunadamente no se limita sólo al tratamiento de los avances tecnológicos que la sociedad actual está aportando en su permanente construcción. Debo destacar la atención que se ha dedicado por medio de las sesiones de “Etnicidad y Cultura” a la reflexión sobre el papel que juega la otredad en un desarrollo que intentamos llamar humano. En mi caso, espero compartir con ustedes algunas ideas producto del acercamiento a una parte de nuestro pasado, que representa casi el noventa y seis por ciento de nuestra historia.

Es sabido que un lapso de tiempo tan dilatado exige de la participación de varias disciplinas orquestadas por la arqueología. Nuestro aporte vendrá precisamente desde este campo del conocimiento, considerando la capacidad de conexión que tiene esta ciencia, pero también partiendo de la posibilidad de romper las barreras disciplinarias y avanzar hacia una manera más integradora, compleja y complementaria de entender los fenómenos.

Debido al ámbito de mi trabajo, la temática que abordaré gira alrededor del patrimonio arqueológico prehispánico y concretamente del llamado arte rupestre.

Se da la denominación de arte rupestre a todos aquellos vestigios gráficos cuyo soporte son superficies rocosas o el suelo. Aunque la palabra arte es discutible para designarlos, sigue siendo la más usada por convención.

Existen muchas variedades de este tipo de vestigios. Entre las más conocidas están las pinturas, los grabados o petroglifos y los geoglifos. En esta conferencia no nos detendremos en los detalles de la investigación, pero sí partiremos de ella para hablar de otros aspectos.

Se considerarán los siguientes puntos:

  • Apuntes sobre una investigación de arte rupestre en el sur del Ecuador
  • La puesta en valor del patrimonio cultural
  • La gráfica ancestral como recurso para la consolidación de la identidad

APUNTES SOBRE UNA INVESTIGACIÓN DE ARTE RUPESTRE EN EL SUR DEL ECUADOR

La investigación científica en Ecuador se ha caracterizado por su limitación en más de un sentido. La arqueología no es la excepción. La escasez de trabajos en la disciplina contrasta con la existencia de yacimientos que dan cuenta de una historia de doce mil años. ¿Qué decir del estudio de los vestigios conocidos como arte rupestre? De lo que se ha podido constatar, no se aborda mucho el tema del arte rupestre en los estudios arqueológicos reconocidos del país. Las publicaciones que se refieren al tema no han venido precisamente de especialistas y más de un investigador ha intentado aproximarse al fenómeno según se lo han permitido su formación y circunstancias.

Las primeras noticias sobre arte rupestre en Ecuador provienen de estudiosos del siglo XIX como el científico alemán Alexander von Humboldt (1816) y el historiador ecuatoriano Federico González Suárez (1892); y de las primeras décadas del siglo XX: los científicos franceses René Verneau y Paul Rivet (1912) y el arqueólogo alemán Max Uhle (1933) [WELLMAN, Klaus: 1979. Über Felsbilder in Ecuador. En: Almogaren, Vol. IX/X: 225-235. Graz, Austria].

Desde el año 2000, la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL) a través del Centro de Arte y Diseño se ha interesado en auspiciar las investigaciones del arte rupestre existente en la provincia de Loja, al sur del Ecuador, mediante la creación del Proyecto Petroglifos (Investigación, gestión y aprovechamiento del arte rupestre de la provincia de Loja), el mismo que pretende documentar científicamente los sitios, gestionar su protección, educar a la comunidad y aprovechar el recurso patrimonial en la aplicación del arte y el diseño. En este contexto, la investigación científica representa el pilar fundamental sobre el que descansan los demás componentes.

Datos de investigaciones arqueológicas en el sur del Ecuador

Los trabajos realizados hasta la actualidad determinan la presencia de arte rupestre en varias provincias de Ecuador. Los vestigios son en su totalidad de petroglifos; no se conoce la existencia de pinturas.

Los estudios arqueológicos realizados durante los últimos veinte años en esta región (M.Temme: 1982; J.Guffroy: 1986, 1987, 2004; Idrovo y Gomis: 1997; P. Terán: 2002; F. Valdez et al. 2004, 2005) han permitido esbozar un primer panorama de lo que fue la ocupación humana en la época prehispánica.

Las más antiguas huellas actualmente conocidas corresponden a grupos de cazadores recolectores que recorrieron, cuando menos la zona de páramo ubicada al norte de la provincia de Loja, hace más de 10000 años. De las primeras culturas agro–alfareras, se han encontrado vestigios fechados en 3700 A.P. en el valle del río Catamayo y 4900 A.P. en el sitio Santa Ana-La Florida (Palanda, provincia de Zamora Chinchipe) . Las investigaciones que se han hecho hasta la actualidad permiten constatar que a partir de esa época la ocupación humana de la región se mantuvo constante durante toda la época prehispánica.

En lo que respecta a la provincia de Loja, una ruptura cultural importante se produce entre los siglos VII y XI de nuestra era con la llegada de grupos de población oriundos de la Amazonía, pertenecientes a la familia lingüística Jíbaro.

Los cronistas españoles designan con el nombre genérico de ´Paltas´ a estos habitantes aborígenes proto-Jíbaros que ocupaban la provincia de Loja, al momento de la llegada de los Incas, en el siglo XV. Sin embargo no se puede hablar de un grupo homogéneo. Al momento de la conquista española existían varios subgrupos al parecer diferenciados por sus dialectos: Paltas, en la zona central y norteña de la provincia, los Calvas, hacia el sur, los Malacatos en el este y los Bracamoros en la vertiente oriental de la cordillera. La lengua de los paltas, a su vez, contaba con al menos seis variedades. Otros grupos vecinos, pertenecientes a etnias diferentes corresponden a los Cañaris, ubicados en el extremo norte de la provincia, así como grupos denominados yungas vinculados a la costa peruana.

Estado actual de la investigación del arte rupestre de Loja

Esta parte se limitará a explicar el avance de la investigación realizada por el Proyecto Petroglifos durante los últimos dos años. Nuestra labor se ha hecho posible gracias al contingente humano y científico del equipo, entre quienes se destaca el Dr. Geoffroy de Saulieu, arqueólogo francés y el Ing. José Guartán, geólogo lojano, así como los responsables de topografía, dibujo y procesamiento gráfico, éstos últimos estudiantes de la Escuela de Arte y Diseño de la UTPL.

Antes de llevar a cabo cada una de las expediciones, se ha elaborado una planificación que sirva de referente para la labor del grupo. Para ello se han considerado los siguientes criterios: se parte del hecho de que las rocas grabadas son vestigios arqueológicos y -como acertadamente se ha recalcado en un foro sobre el tema- bienes patrimoniales inmuebles (Comunicaciones publicadas en foro virtual “Rupestreweb”. Enero 2006). Esta visión conlleva la decisión de manejar técnicas de relevo que no atenten a la conservación de los grabados ni del sitio. A diferencia de los trabajos de campo llevados a cabo en la primera etapa del proyecto, los estudios se extendieron no sólo a las rocas grabadas sino a su contexto, con el afán de obtener la mejor información posible. Esto implica que el trabajo de laboratorio debe ser de lo más prolijo a fin de plantear una documentación clara y evaluable, sin perder la conciencia de que cualquier resultado será susceptible de errores y modificaciones posteriores.

Un elemento adicional y de mucha importancia es el acercamiento a las comunidades donde se hallan los vestigios. En medida de lo que ha sido posible se ha mantenido conversaciones con los pobladores y sus autoridades durante las jornadas de campo, a la espera de conseguir una actitud de apropiamiento y de salvaguarda de su patrimonio. El contacto con el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural se ha convertido en un refuerzo de esta labor, sobre todo a la hora de denunciar los atropellos que se han evidenciado en más de un sitio.

Con esta base se han planteado las siguientes actividades para el trabajo de campo: contacto con las comunidades, levantamientos topográficos, obtención de datos de información geográfica (coordenadas, altitud, etc.), estudio geológico de los soportes, constatación del estado actual de los grabados y de su entorno, registro fotográfico diurno y nocturno, elaboración de fichas, esquemas, dibujos y calcos sobre láminas transparentes, registro de otros vestigios culturales presentes en el contexto.

El trabajo de laboratorio ha comprendido, por un lado, el procesamiento digital de los calcos y otras imágenes (dibujos, esquemas, fotografías) mediante el uso del ordenador (programas Adobe Illustrator y Adobe Photoshop) y por otro, la organización de la información y redacción de informes. Un informe preliminar que abarca la documentación de 62 rocas fue concluido en noviembre de 2005.

LA PUESTA EN VALOR DEL PATRIMONIO CULTURAL

¿De qué manera puede aportar un trabajo sobre rocas grabadas de hace dos milenios para el desarrollo de la educación en ciencia y tecnología de las sociedades iberoamericanas del siglo XXI?

Para tratar de dar respuesta a esta interrogante recordemos que somos las personas y por extensión las sociedades, quienes damos o quitamos valor a las cosas que forman nuestra realidad. Sin embargo, nuestra capacidad de valoración está condicionada por una serie de variables tan inherentes a la dinámica social, que casi no las percibimos. A ello se suma el manejo a conveniencia de nuestra memoria operado por los grupos de poder, que se consolida con el paso de los años y perfecciona cada vez los instrumentos de dominio.

Con estas contribuciones venidas de la realidad, de esa capacidad de valoración y de las conveniencias del poder, vamos creando nuestros conceptos y decisiones que inciden en la formación de aquello que hemos llamado el patrimonio cultural.

La noción que tenemos de patrimonio ha sido formada a lo largo de los últimos siglos, sin embargo ha sido después de la Carta de Atenas (1931) que las naciones comenzaron a convenir en que existe una herencia del pasado que debe cuidarse y preservarse en las mejores condiciones posibles para el beneficio de las futuras generaciones.

En nuestro país, la legislación dentro de este ámbito cuenta con apenas 28 años y es poco conocida, lo que incide directamente en las políticas de conservación y gestión.

El patrimonio cultural puede ser tangible o intangible. Lo tangible incluye desde las ciudades y las ruinas arqueológicas hasta el arte y las manufacturas. Lo intangible alude a las tradiciones, costumbres, los ritmos musicales, la manera de cocinar, etc. Alrededor del patrimonio estamos haciendo nuestra vida, pero la cotidianidad nos absorbe tanto que todas esos detalles los pasamos por alto.

Recordemos que el patrimonio no es un concepto estático. Actualmente estamos dando cierto valor a las pocas cosas antiguas que hemos dejado en pie con nuestro desmedido y emergente progreso. Es precisamente su escasez, su rareza, la que nos hace pensar que son importantes. Pero qué va a ser importante después de cien o quinientos años. Si ahora estudiamos como patrimoniales los vestigios prehispánicos, mañana, nuestras creaciones serán objeto de estudio de los interesados arqueólogos del futuro. Pero, ¿cómo nos verán? ¿cómo será catalogada nuestra sociedad de la información? Pensemos nada más cómo el habitante común, el político, e incluso muchos académicos, etiquetan a los grupos étnicos de la América contemporánea y cómo nos dirigimos sobre sociedades distintas a la nuestra y a nuestros ancestros como primitivos, desconociendo el alto nivel de desarrollo que consiguieron los valdivias, olmecas, mochicas, mayas, incas, por citar unos pocos. En algunos casos la omisión practicada es porque no se quiere saber pero la mayoría de las veces es porque no se ha aprendido.

Nos vamos dando cuenta que la noción de patrimonio es como cualquier otra, factible de aprenderse. Lamentablemente para los grupos de poder, la conciencia de grandeza del pasado, de pertenencia de los recursos y saber ancestral, la conciencia de patrimonio es peligrosa y mientras menos se la difunda y conozca mejor, porque de esa manera las nuevas generaciones van apropiándose de identidades prefabricadas que domestican las mentes de los consumidores a los que no les interesa más que la ostentación y el parecerse menos a lo que realmente somos: “la puesta en escena barroca, la performance sin fin del mestizaje”, en palabras de Bolívar Echeverría. (En: http://www.bolivare.unam.mx/ensayos/barroco_latinoamerica.html)

LA GRÁFICA ANCESTRAL COMO RECURSO PARA LA CONSOLIDACIÓN DE LA IDENTIDAD

Todavía no estoy seguro si me acercaré a dar una respuesta tentativa a la pregunta aquella que me hiciera con su complicidad. Pero sí puedo decir que por la experiencia en los procesos de enseñanza aprendizaje, el manejo de las imágenes tiene un poder increíble de cohesión en torno a una idea. Puesto que la imagen juega un papel importantísimo en nuestro mundo contemporáneo, considero más que oportuno el esfuerzo por poner en valor la gráfica aborigen ya que en ella convergen lo tangible e intangible de nuestro patrimonio.

Es una pena que en nuestro país no se haya avanzado mucho en lo que a mi parecer fue un acierto teórico: la inclusión de la cultura estética como parte del currículo de la Educación Básica, hace casi una década. Sin embargo, pienso que la labor social de la Academia es precisamente contribuir con nuestras investigaciones para ampliar esos contenidos que siguen siendo espacios de relleno en el currículo.

El manejo de las cátedras de arte y diseño con contenidos enfocados al estudio de la gráfica prehispánica y su extensión desde los ambientes universitarios hacia la colectividad puede ser una valiosa herramienta para aprender a reconocernos. El arte integra el trabajo creativo con la investigación, la reflexión, la crítica y la constante búsqueda de la recreación de realidades dadas.

Para la creación de estas cátedras es necesario también que los artistas y profesionales de la imagen nos decidamos por nuevas lecturas, nos critiquemos a nosotros mismos e incluyamos una visión antropológica a nuestra labor, recordando que nuestras producciones son siempre “…un vehículo, un medio que, más allá de sus funciones precisas, permite(n) evocar creencias, historias singulares e imágenes colectivas”. (Marín Juez, 2002: 21)

Para terminar haré alusión a Fernando Martín Juez, quien habla de que la nuestra es una época de muchas respuestas. Necesitamos volver a las preguntas. Seguramente mientras volvamos a plantear las interrogantes sobre lo que somos y queremos ser, nos estaremos viendo con más calma y sin vergüenza. Estamos a tiempo de remover un poco nuestro sistema y dejar que así como hemos permitido que las influencias externas lleguen a nosotros, empecemos a permitirle a nuestro interior salir con lo mejor que tiene e impregnar la vida cotidiana de metáforas compartidas.

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